Crea tu cuento de navidad

#empiezaalgonuevo

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El cuento de LA NAVIDAD QUE FUI DUENDE

M amá, ¿por qué no llega la Navidad ya? ¿Y los regalos?
–Cariño, los duendes de la Navidad todavía están preparándolo todo.

Pedro se quedó pensando en un rincón del desván. Estaba dispuesto a que la Navidad llegara ya, pero ¿cómo? Ojalá fuera un duendecillo para poder echar una mano.
Se cruzó de brazos y empezó a desearlo muy, muy fuerte. Tanto que de pronto, notó algo puntiagudo que le asomaba de la cabeza. Pedro, del susto, dejó de pensar en seco.

Conviérte en un auténtico duende y hazlo tú mismo.

U n cosquilleo recorrió su cuerpo. Le había gustado esa sensación, así que volvió a hacerlo, esta vez con más decisión.

Unas orejas de duende le crecieron en la cabeza ¡CARAMBA! se concentró aún más y también aparecieron unos zapatos. Se miró en el espejo: Se había convertido en duende.

Se escuchó un “¡Yuhuuu!” y un duendecillo parecido a él apareció en un trineo tirado por dos ciervos verdes. Se puso a su lado y riendo le tocó las orejas “¡Por fin un ayudante! Venga, no hay tiempo que perder. Por cierto, me llamo KRULLIG”.

E l trineo fue a toda velocidad siguiendo las tuberías del desván hasta llegar a un lugar lleno de conductos, como una red central conectada a las casas de toda la ciudad. En el centro de ese gran espacio descansaba una montaña de regalos de todos los colores y tamaños sin envolver.

Un duendecillo se afanaba en personalizar algunos de los regalos: Forraba cojines y muebles y escribía en cajas de galletas.

–¿Te puedo ayudar?–Sí por favor ¿puedes escribir los nombres correspondientes en estos objetos? Mi letra es ininteligible. –¿Ininteliqué?– preguntó Pedro. –Ininteligible– repitió el duende –, que no se entiende lo que escribo.

Pedro se puso a escribir nombres en tazas, botes y cajas, haciendo gala de su perfecta caligrafía.

Cuando terminó, llevó la montaña de regalos debajo de un árbol de papel de colores, del que KRULLIG arrancaba hojas y envolvía las cosas mientras canturreaba las instrucciones con ritmillo “esquina derecha con esquina izquierda. Dobla aquí, dobla allá... lalalalá”. Quedaban preciosos.

D e pronto, unas risillas surgieron de todas partes. ¡Habían olvidado envolver los peluches y se habían insubordinado! Correteaban por todas partes y se negaban a meterse en sus cajas.

Pedro tuvo una idea: Cogió una cazuela y empezó a aporrearla con una cuchara de madera mientras marcaba un ritmo divertido. Los peluches empezaron a danzar y a seguirle en fila india hasta que se metieron en sus respectivas cajas ¡VIVA!

Entre todos los duendes llenaron el trineo. Pedro y el duende se subieron y viajaron, siguiendo los cilindros metálicos, de casa en casa, dejando los regalos y adornos, entre risitas.

Tras horas y horas de divertido aunque agotador trabajo Pedro se quedó dormido en el trineo. Cuando abrió los ojos, estaba en el desván. Se tocó la cabeza, pero ni rastro de las orejas ¿había sido un sueño?

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–Cariño, qué haces aquí arriba.

Pedro oyó una risita y vio en una esquina al duendecillo con un bote de mermelada. Se acercó, lo cogió y se lo dio a su madre:

–Mamá, he ayudado a que venga Navidad. Y te he traído este regalo.

–Muchas gracias, pero ¿qué pone aquí?

–Pone "Para mamá". Con el trajín no me dio tiempo a repasar todos los textos del duende con mala letra. Lo sé, es ininteligible.

La madre le miró sorprendida y le abrazó muy fuerte. ¿Dónde habría aprendido esa palabra?